| Los acereros están inquietos por el incremento de las importaciones de este metal desde China. El problema no es menor si se considera que el gigante asiático es el sexto exportador mundial, por lo que su entrada al mercado latinoamericano puede presionar los precios a la baja de manera tan fuerte que terminaría por destruir la industria siderúrgica nacional. Para la Región del Biobío ha sido fundamental la influencia económica de Huachipato, no sólo por la generación directa de empleos, sino que también por el dinamismo industrial que existe gracias a ella, principalmente en Talcahuano. Grandes, medianas y pequeñas empresas fabrican productos a partir del acero o bien prestan servicios o suministran bienes a la usina. Es difícil imaginar el desarrollo de Concepción sin este polo productivo. Debido a esto es que la amenaza de un ingreso masivo de importaciones a bajo precio no sólo afectaría a la compañía en sí, sino que a todo un sector de la economía. Más aún si existen antecedentes de que el Estado chino estaría subsidiando la producción de acero. El Instituto Latinoamericano del Fierro y el Acero sostuvo que este año China exportará cerca de un millón de toneladas de acero al continente, cifra cuatro veces superior a la de 2005. Además, Beijing ha anunciado aumentos en la capacidad instalada de producción desde los 414 millones de toneladas el año pasado a más de 500 millones para 2008. Sin embargo, para los acereros chilenos el problema más cercano tiene que ver con la importación de bienes finales, como electrodomésticos y equipamiento para oficinas. Ello, pues al ingresar al país a precios muy bajos, los productores locales de insumos como clavos y alambres perderían mercado hasta desaparecer, lo que rebotaría en Huachipato y a su vez en sus proveedoras. Las normas de comercio internacional permiten establecer salvaguardias; es decir, interrumpir los beneficios comerciales cuando algún sector de la economía está amenazado. Asimismo, los TLC también establecen cláusulas de salvaguardia, como quien fija las reglas del juego antes del partido. En ellas está claramente definido cuándo un mercado puede implementar medidas de protección de su industria, como restringir las importaciones a cuotas específicas o elevar el monto de los aranceles. Para evitar que ocurra lo mismo que con la industria del calzado chilena, que sucumbió ante la brutal competencia desleal de zapatos chinos, la petición de salvaguardias por parte de directivos y trabajadores del sector metalúrgico será fundamentada en la acusación de otorgamiento de subsidios a la industria china y lo que se conoce como “dumping” social, es decir, el pago de bajos salarios. Los defensores del libre mercado a ultranza se opondrán, pero son ellos mismos los responsables de la crisis en que cayeron los fabricantes de zapatos chilenos, principalmente pymes, y con ella de la cesantía que se generó. A ellos conviene decirles que al establecer salvaguardias no se violan los principios del libre comercio y que Chile puede dar cátedra a nivel mundial sobre apertura comercial, con el mayor número de acuerdos bilaterales suscritos por una economía. Son esos mismos los que se opusieron a las salvaguardias cuando la industria siderúrgica nacional se vio enfrentada a la amenaza del acero turco, en 1999, y que fue resuelta por Chile en 2002, tras un largo debate y movilizaciones ciudadanas que permitieron proteger al sector. Hoy, como entonces, la comunidad local debe exigir a la autoridad que se tomen las medidas conforme a las normas de comercio internacional y evitar así ser aplastados por una competencia desleal.
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